Guía de orientación para la salud bucal en los primeros años de vida

Guía de orientación para la salud bucal en los primeros años de vida by March 22, 2016 0 comments

La salud oral es una parte integral de la salud general del niño. Los problemas más prevalentes con respecto a la salud bucal en los niños en edad preescolar son las alteraciones en el crecimiento y desarrollo bucodental y la caries. El primer problema generalmente se relaciona con hábitos orales incorrectos, patrones alimentarios inadecuados y/o una adquisición tardía de la masticación, que propicia el desarrollo de maloclusiones. El segundo problema, la caries, es actualmente la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y presenta graves repercusiones en la salud general del niño, como dolor intenso, infecciones faciales, hospitalizaciones y visitas a urgencias, disminución en su desarrollo físico, alto coste de tratamiento y disminución en la calidad de vida en relación con la salud oral. Asimismo, los niños con caries en la infancia precoz (CIP) tienen mayor riesgo de presentar nuevas caries en la dentición permanente.

 

La caries es una enfermedad infecciosa y transmisible, de origen multifactorial, íntimamente relacionada con una higiene oral insuficiente, la alimentación nocturna, el alto consumo de azúcares, la colonización bacteriana precoz y el bajo nivel socioeconómico de los padres

 

Este artículo propone una guía de orientación para la salud bucal, aplicable a los primeros años de vida, junto con una tabla resumen (tabla 1). El principal objetivo es uniformar las orientaciones y los consejos transmitidos a los padres respecto al cuidado bucal de sus hijos. Se tratan asuntos de especial relevancia para la salud oral infantil, como la influencia de la lactancia materna, el uso del biberón y del chupete, la transmisión bacteriana, los alimentos con potencial cariogénico, la higiene bucal, el uso de flúor y la primera visita al odontopediatra.

 

Lactancia materna

La lactancia materna (LM) es de vital importancia no sólo para el bienestar general, nutricional y psicológico del bebé, sino también porque estimula un correcto crecimiento y desarrollo del aparato estomatognático. Si la LM es adecuada, el niño estará perfectamente alimentado hasta los 6 meses, momento en el que se precisa la introducción de alimentación complementaria. Sobre este tema están de acuerdo todas las sociedades pediátricas y organizaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Española de Pediatría y la Academia Americana de Pediatría. Algunos estudios odontológicos recientes indican que la falta de LM o un periodo corto de lactancia están relacionados con la instauración de hábitos nocivos de succión y deglución, que puede conllevar a posteriores alteraciones dentales y maxilares.

Por otro lado, la CIP se puede presentar en niños alimentados con lactancia después de la erupción del primer diente primario, sobre todo si no existe una higiene oral adecuada y/o si los factores protectores de la saliva se encuentran reducidos, como ocurre durante el sueño. Por esta razón, a partir de la erupción de los primeros dientes, no es recomendable que el bebé ingiera leche durante el sueño ya que está demostrado que es un factor de riesgo de CIP. En caso de que un niño se quede dormido mientras es alimentado, es de gran importancia limpiarle los dientes antes de acostarlo.

 

Uso del biberón

Se indica el uso de fórmulas adaptadas (FA) sólo en los casos en que la LM no sea efectiva, cuando el niño presente una enfermedad de base que obligue a introducir FA o cuando la madre consuma fármacos desaconsejados durante la lactancia. La ingesta de FA se realiza habitualmente por medio del biberón, y éste sólo debe utilizarse como vehículo para la FA. Otros líquidos, como los zumos y el agua, deben ofrecerse en tacitas. No se recomienda la adición de azúcares ni edulcorantes al biberón por ser un claro factor de riesgo de caries. Asimismo, a partir de la erupción del primer diente, no es recomendable que el bebé se quede dormido mientras toma el biberón, para evitar la aparición de CIP. En caso de que un niño se quede dormido mientras es alimentado, se le deben limpiar los dientes antes de acostarlo.

 

Desde el punto de vista de la prevención de maloclusiones, se recomienda el uso de una tetina anatómica con un orificio pequeño, ya que favorece el movimiento anterior de la mandíbula y la coordinación de la succión, la deglución y la respiración. El uso del biberón debe abandonarse progresivamente a partir de los 12 meses, para fomentar el cambio de un patrón alimentario de succión a masticación, razón por la cual los padres deben intentar que sus hijos beban de una taza hacia el primer año. Después de los 18 meses, la masticación se vuelve más eficiente, ya que aparecen en el niño los primeros molares y caninos. A partir de ese momento es cuando se debe abandonar definitivamente el biberón. La persistencia del biberón favorece un patrón de succión infantil, la aparición de una deglución atípica y, posteriormente, maloclusiones.

 

Uso del chupete

El uso del chupete se considera normal en las sociedades occidentales y se asocia generalmente al impulso para satisfacer las necesidades de seguridad y contacto. No se recomienda el uso del chupete durante la LM, ya que ésta suple todas las necesidades de la fase oral. Sin embargo, si se utiliza el chupete, éste debe ser anatómico y su uso debe limitarse hasta los 12-18 meses de edad, tratando de no sobrepasar los 2 años, debido a la asociación entre este hábito y la alteración en la posición lingual, que puede propiciar maloclusiones óseas y dentarias. Todo niño que persista con un hábito de succión no nutritiva (chupete o dedo) más allá de los 3 años debe ser derivado a un profesional.

 

Transmisión bacteriana

La caries es una enfermedad infecciosa transmisible y la mayoría de los niños adquieren las bacterias cariogénicas de manera vertical de la saliva de sus madres o cuidadores.

Los niños cuyas madres presenten mayores niveles de Streptococcus mutans tienen mayor riesgo de un contagio más temprano. Por ello, se sugiere disminuir los niveles de S. Mutans de la madre (idealmente durante el periodo prenatal) para reducir la transmisión bacteriana vertical. Asimismo, se recomienda a las madres, los padres, los hermanos y/o los cuidadores evitar la transmisión de bacterias de su saliva a la boca del niño, minimizando ciertos hábitos, como compartir utensilios con el bebé (cucharas, cepillos dentales), limpiar el chupete con su saliva, enfriar la comida soplando sobre ella o dar besos en la boca.

 

Alimentación cariogénica

El azúcar, la miel y los demás azúcares refinados deben evitarse por su gran asociación con la CIP, especialmente durante los primeros 2 años de vida, cuando el niño es más susceptible de establecer un proceso virulento de caries. Asimismo, se debe aconsejar a los padres que eviten los alimentos que contienen «azúcares ocultos», como galletas, bollería, zumos industriales, patatas fritas embolsadas o bebidas gaseosas, entre otros. Se desaconsejan de manera especial los azúcares de consistencia pegajosa y el consumo de cualquier azúcar refinado entre las comidas.

 

Higiene bucal

Una correcta higiene oral es el factor clave para la prevención de CIP y, por ello, se debe informar a la familia sobre la importancia de este hábito y lo perjudicial que es que el niño duerma con residuos alimentarios. Cuanto más temprano se empiece con la higiene oral, menores son las probabilidades de que el niño desarrolle caries. La higiene bucal infantil es responsabilidad de los adultos, al menos hasta que el niño posea la habilidad motora adecuada para efectuar estos procedimientos, nunca antes de los 5 años. Se considera que el niño es autónomo a partir de los 8-10 años de edad, y a partir de este momento y hasta la adolescencia es recomendable una supervisión de su higiene oral nocturna.

 

Higiene bucal por edades

Antes de que erupcionen los primeros dientes, se debe empezar con la estimulación oral para acostumbrar al bebé a la manipulación de la boca e instaurar un hábito precoz. La limpieza debe hacerse una vez al día. Para esta etapa se pueden utilizar dedales de silicona o una gasa humedecida en agua.

Después de que erupcionen los primeros dientes, se debe comenzar con la limpieza bucodental 2 veces al día. Para esta etapa se pueden utilizar dedales de silicona o cepillos dentales infantiles.

Después de que erupcionen los primeros molares primarios, alrededor de los 18 meses, se debe optar por el uso del cepillo dental. El cepillo debe presentar un mango recto y largo, una empuñadura gruesa, cerdas suaves con las puntas redondeadas y un tamaño compatible a la boca del niño.

La técnica debe ser sencilla para los padres. Se recomienda limpiar las superficies dentales laterales (linguales y vestibulares) con movimientos circulares y las superficies masticatorias con movimientos anteroposteriores. La posición del adulto debe permitir una buena visibilidad de la boca, manteniendo la cabeza del niño en una posición estable.

 

Pasta dental

No se recomienda el uso de pasta dental fluorada en niños que no hayan aprendido a escupir (generalmente, menores de 2 años de edad) por el riesgo de una ingestión excesiva de flúor y la consecuente aparición de fluorosis dental en la dentición permanente. Sólo en niños con alto riesgo de caries el odontopediatra valorará la necesidad del uso de pasta dental fluorada a esta edad. En los niños de 2-3 años de edad que hayan adquirido la coordinación motora suficiente para escupir, se puede utilizar una pasta dental con una concentración de 500 ppm de flúor, en cantidad equivalente a un guisante. En los niños mayores de 6-7 años se puede utilizar una pasta dental con mayor concentración de flúor, ya que los riesgos de fluorosis dental por ingestión sistémica de flúor desaparecen a partir de los 7 años.

 

Hilo dental

El hilo dental es indispensable para una buena limpieza bucal cuando ya exista contacto entre los dientes, ya que el cepillo no puede acceder a las zonas interproximales. Incluso en niños con buenos hábitos de higiene bucal se observan caries interproximales debido a la permanencia de alimentos entre los dientes. Existen en el mercado diferentes utensilios para ayudar a los padres en esta tarea.

 

Uso de flúor

El flúor ha demostrado ser una herramienta segura y eficaz en la reducción de caries y en la reversión de desmineralizaciones del esmalte dentario. Según el nivel de riesgo, la edad y la concentración de flúor en el agua de consumo diario, el pediatra decidirá las dosis de flúor sistémico, según las últimas actualizaciones. Asimismo, las decisiones respecto a la administración de flúor tópico deben estar basadas en el riesgo individual de caries; el pediatra y el odontopediatra deben analizar y decidir el tipo de administración de flúor y la frecuencia de su aplicación.

 

Visita al odontopediatria

El lactante debe ser visitado por un odontopediatria tras la erupción de los primeros dientes o, en su defecto, en el transcurso del primer año de vida, con el fin de establecer un «hogar dental». En esta visita se determinará el riesgo de caries, se ofrecerá a los padres una orientación temprana y se evaluará la necesidad de aplicaciones tópicas de flúor en función del riesgo; todo ello con el fin de lograr una óptima salud bucal desde la infancia. Cabe recordar que la instauración de una actuación precoz se basa en evitar una necesidad futura, con lo cual el enfoque de este tipo de odontología es preventivo y no curativo.

C. Palma, A. Cahuana1 , L. Gómez2

Odontopediatra exclusiva. Profesora titular del Máster de Odontopediatría. Universidad de Barcelona.
1Pediatra. Médico-estomatólogo. Odontopediatra. Jefe de la Unidad de Odontopediatría. Hospital «Sant Joan
de Déu». Barcelona. 2Pediatra especialista en Nutrición. Sección de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición
Pediátrica. Hospital «Sant Joan de Déu». Barcelona

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