Manejo de la pericoronitis causada por cordales impactados

Manejo de la pericoronitis causada por cordales impactados by October 15, 2014 0 comments

Uno de los padecimientos más comunes que encontramos en nuestros pacientes, es el dolor agudo asociado a la erupción de las terceras molares o cordales. Por definición, la pericoronitis es una inflamación del tejido gingival alrededor de una pieza dental. Aunque esto le puede suceder a cualquiera de los 32 dientes que tenemos en nuestra cavidad oral, es mucho más común en los cordales mandibulares parcialmente erupcionados.

Es muy importante recalcar que no todos los cordales impactados deben extraerse. El que estén impactados dentro del hueso, no necesariamente conlleva un riesgo para la salud del individuo. Como dato clínico, la indicación más común para extracción de cordales es la falta de espacio para erupción total del diente dentro de la cavidad oral. Esta falta de espacio es la que hace que la pieza erupcione, haciendo un contacto patológico contra las piezas adyacentes y causando reabsorción de piezas sanas. Todo esto combinado con la anatomía angulada de la mandíbula, hacen de los cordales mandibulares las piezas que más dolores de cabeza causan en los individuos de entre 17 y 24 años de edad.

La inflamación gingival conocida como pericoronitis es ocasionada por bacterias, en su mayoría de naturaleza anaeróbica. En muchos casos podemos apreciar exudados purulentos y halitosis (mal aliento). Es común ver a las personas afectadas acudir a la farmacia en busca de un remedio instantáneo. Lamentablemente, estas infecciones de naturaleza polimicrobiana tardan en desarrollarse y, por ende, en sanarse. Lo más importante es hacer un diagnóstico efectivo y no confundirlo con un simple dolor de muela. Dentro de los síntomas más comunes y característicos se encuentran dolor al abrir o cerrar la mandíbula, molestia al masticar sobre el área afectada, recrecimiento de la encía sobre la pieza, mal aliento, recrecimiento de nódulos linfáticos en el ángulo de la mandíbula, agrandamiento de las amígdalas, dificultad al tragar, dolor referido al oído y, por supuesto, malestar generalizado. En ocasiones, el paciente puede comunicarle que se le acumula mucha comida en la encía alrededor del cordal o que su cordal no erupcionó del todo en comparación con la pieza que le antecede. Es en este momento cuando el profesional debe sospechar que se trata de una pericoronitis asociada a un cordal.

La primera línea de acción es administrar antibióticos efectivos contra los Streptococos viridans, Prevotella intermedia, Fusobacterium y Perphyromonas gingivalis, entre otras. Para esto es recomendable la prescripción de antibióticos ß–lactámicos. El más efectivo y seguro es la penicilina con clavulanato de potasio, suplementada en muchas ocasiones con metronidazole. En aquellos pacientes alérgicos a la penicilina se ha encontrado alta efectividad mediante la administración de clindamicina.

Es muy importante brindar analgésicos potentes mientras el antibiótico comienza a surtir efecto. Esto no significa que el individuo vaya a experimentar alivio tras el uso de medicamentos. Recordemos que se trata de una infección localizada con un punto de apertura a la cavidad oral. Si el paciente no remueve la materia usada por las bacterias (carbohidratos y azúcares de los alimentos acumulados), así como el foco de la infección, es poco probable que experimente un alivio permanente. Por tal razón, se le deben dar instrucciones a la persona afectada de minimizar el consumo de azúcares y comidas acídicas que propicien el desarrollo de estas bacterias. Además, se le debe recalcar que preserven el área limpia mediante el uso del hilo dental y enjuagadores antisépticos, preferiblemente sin alcohol.

Al tratarse de una infección localizada, el farmacéutico puede dar instrucciones libres de prescripción médica al individuo. La más efectiva y con muy pocos efectos secundarios es administrar peróxido a presión, usando una jeringuilla de punta plástica, con un lumen lo suficientemente pequeño para penetrar en el espacio formado entre la encía coronal y el diente. Esta técnica puede producir dolor en la fase aguda de la pericoronitis, por lo que se puede suplementar con pomadas anestésicas de indicación oral. La efervescencia inicial producida por el peróxido es el mejor indicador de que se está combatiendo parte de la infección, y tras múltiples dosis se debe experimentar alivio.

Es de vital importancia que se refiera a la persona afectada al dentista o cirujano maxilofacial, para certificar el diagnóstico y trabajarlo de la manera más apropiada. Estas infecciones pueden alcanzar niveles sistémicos peligrosos y ocluir las vías respiratorias superiores. Aunque algunos clínicos remueven quirúrgicamente la gingiva afectada, las probabilidades de que esta recurra son altas. Por ello es preferible extraer la pieza si esta no mejora tras un detartraje profundo (eliminación de irritantes locales). Después de todo, no solo queremos brindar un alivio, sino que este sea permanente.

Visite a su dentista al menos dos veces al año, para que pueda mantener una buena salud oral y prevenir cualquier situación que le pueda causar molestias innecesarias.

El doctor David R. Echavarry es miembro de la Comisión de Educación Continua y de la Junta Editora de la revista Colegio Por Dentro, del Colegio de Cirujanos Dentistas de Puerto Rico.

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